Es hora de que el ser humano ceda parte del centro a otros cuerpos posibles

Por Edu Tabueña para Mercat de les flors.

La conversación con la pareja artística AzkonaToloza se desarrolla en la biblioteca de la escuela Poble-sec, despúes de uno de los laboratorios de creación que la compañía ha ofrecido en el camino a estrenar ‘Nuestro Refugio Galáctico’, su primera pieza para un público intergeneracional. Un dispositivo escénico que se nutre de su rico imaginario artístico y de la participación de diferentes grupos escolares durante el proceso creativo y del propio público que asista a la coproducción del Mercat de les Flors, del 7 al 21 de marzo.

Edu Tabueña: Situar la entrevista en una biblioteca encaja mucho con vuestro trabajo, ¿cuál es vuestra fórmula para mezclar la investigación con las artes escénicas?

Laida Azkona Goñi: Empezamos a trabajar hace unos diez años y surgió un poco de manera orgánica. Somos familia y tenemos una hija y en el proceso yo empecé a acompañar a Txalo cuando estaba investigando sobre el desierto de Atacama y los sabores. En realidad, estaba en busca de los sabores de los platos que le cocinaba su nona. Y ahí empezó todo. AzkonaToloza es una compañía de artes vivas, documentales. Txalo es videoartista y yo soy bailarina. Y así hemos generado todo un trabajo que empezó en el desierto de Atacama y ha terminado aquí, yendo a este claro de la montaña que está en un planeta que no sabemos bien cuál es en el futuro, en el año 2600 y ha sido todo un viaje de doce años en el que realmente esta es nuestra primera pieza para público familiar o intergeneracional.

E.T.: ¿Es esta pieza un final de trayecto?

Txalo Toloza-Fernández: ‘Nuestro refugio galáctico’ sería la última pieza de la serie Falla. Siempre hemos trabajado en serie. Esto quiere decir que cuando hacemos un espectáculo, el siguiente no cambia totalmente la temática, sino que durante ocho años de nuestra vida nos pasamos investigando y ahondando sobre un tema. Trabajamos todo lo que le podemos coger de ese universo de investigación y, en este caso, es como el final de esa investigación sobre los límites minerales del universo, sobre la geología. En este caso la investigación tiene que ver más con el cuerpo. En vez de seguir investigando temáticamente trabajamos con niños y lo que hacemos es investigar más en el dispositivo.

L.A.: La danza, mira mucho desde el cuerpo hacia afuera y lo que hacemos es investigar el pasado para entender dónde estamos y quiénes somos. En el momento que empezó Falla, lo que hicimos fue intentar entender quiénes vamos a ser en el futuro. Tuvimos la gran suerte en todos los viajes por Latinoamérica de aprender mucho de los pueblos amerindios, de los pueblos originarios y esto nos cambió. Falla empieza cuando Fermina Pichumilla, que era una lonco, una líder mapuche, nos dijo que incluso las piedras están vivas. Viene un poco de este precepto de vamos a mirar de otra manera el entorno, vamos a ponernos en igualdad con las piedras, con la montaña, con la vegetación, con los animales. Nos parece que hoy en día, con toda la contingencia climática, es un punto de vista acertado para situar el proyecto. El proyecto Falla tiene dos obras para adultos. La última es ‘Cuerpos celestes’, en la que hemos incluso llegado a investigar sobre la conquista del espacio y ahora es cuando recogemos en una pieza infantil, cómo teniendo toda esta investigación ya en los cuerpos, pero queriendo trabajar más desde el juego, desde el propio movimiento, desde el dispositivo.

T.T.: Y una de las cosas que define nuestro trabajo es la necesidad de saber. Somos una compañía que trabaja, sobre todo, haciéndose preguntas. Siempre nos ponemos desafíos más grandes de los que somos capaces de resolver de entrada, sabiendo que no los vamos a resolver porque trabajamos sobre la generación de preguntas. No somos una compañía que busca dar respuesta a las cosas, sino que somos una compañía que busca generar nuevas preguntas, por lo cual siempre nos metemos a investigar o hablar de temas que no conocemos. Intentamos que la investigación nos sirva a nosotros para adquirir un conocimiento y para, a posteriori, compartir ese conocimiento. En el caso de nuestro refugio galáctico, eso tiene que ver con el dispositivo, con la idea de trabajar con niños.

L.A.: Nuestro lenguaje siempre va acompañado por un espacio escénico que es una gran instalación, un paisaje en constante transformación y que se construye con un gesto cotidiano que es una coreografía. Esta vez lo que intentamos es abrir esta construcción del paisaje, del dispositivo, y lo hacemos con un público intergeneracional. Queremos construir, hacer una parte de manera participativa, en grupo, que sea importante que estemos todas y todos y en un escenario.

E.T.: ¿El papel del público siempre es participativo en vuestros espectáculos? ¿Siempre os servís de un dispositivo en el cual el público entra dentro?

T.T.: Depende de lo que se entienda por participar. Nosotros somos una compañía que utilizamos mucho la imaginación del público. Si quieres vivir la experiencia de estar en un espectáculo nuestro, tienes que comprometerteYo diría que son espectáculos que son más comprometidos que participativos. La forma de participar es comprometerte a poner de tu parte tu imaginación. ¿Cómo imaginar un futuro común desde experiencias tan dispares como yo que tengo cincuenta años y mi hija que tiene diez? ¿Cómo somos capaces de, juntos, imaginar un futuro común, posible, que no sea un futuro distópico como el que estamos acostumbrados a consumir hoy en día? Intentar que nuestra imaginación trabaje junta, se comprometa, tanto la de ellas como la de nosotros, es también parte de la participación que tiene este espectáculo. Más que el hecho de moverte, construir una cosa conjunta… Para nosotros es muy importante imaginar otros futuros posibles y no lo queremos imaginar de la mano de intelectuales. Lo queremos imaginar de la mano de niños y niñas de siete años. Quizás si imaginamos con ellos podremos imaginar cosas que hasta ahora no hemos conseguido entender.

E.T.: ¿Que particularidades tiene incorporar a las nuevas generaciones como nutrientes del proceso creativo?

T.T.: Yo diría que lo hace mucho más performático en el sentido que tienes que estar en el aquí y el ahora. O sea que por más que estés contando un cuento sobre el futuro o hablando sobre el pasado, trabajar con niños que están participando te hace estar despierto. No puedes llegar con un guion y decir voy a hacer esto a rajatabla. Subimos a un viaje con un destino incierto a un grupo de niños y tenemos que llegar todos juntos. No se puede perder un niño por el camino.

L.A.: Hemos trabajado un léxico muy sencillo con unas pautas que faciliten la participación, independientemente de la tipología de público. Ahora lo que nos toca es ir cada día aprendiendo.

E.T.: ¿Como incorporáis la experiencia directa con el público? ¿Vuestra propuesta es permeable en cada función?

T.T.: Lo que toca es intentar entender qué es lo que pasa cada día, intentar incorporarlo en nuestro cuerpo y intentar imaginar qué es lo que podemos sacar de eso.

L.A.: La dramaturgia es sugerente y busca poner los cuerpos en marcha con acciones sencillas. Generamos una puesta en escena bella a nivel de luz, de texturas y de ambientes con la intención de transformar el espacio neutro de la sala de teatro. Siempre decimos que nuestro trabajo es audiovisual, con la aportación de Rodrigo Rammsy en la música, Ana Rovira con la luz y Xesca Salvà ayudándonos con el espacio. Ese campo de la montaña es ese sitio al que vamos, que tiene además esta relación con lo cósmico,

E.T.: ¿Podríais desglosar el funcionamiento de vuestro binomio creativo?

L.A.:  Raquel Cors, que desde hace muchos años nos acompaña en la dirección, siempre dice que somos muy complementarios. Las cuatro manos están en todo, pero tenemos diferentes miradas. O sea, diríamos que, por ejemplo, Txalo tiene el storytelling, tiene una capacidad visual muy rápida, es capaz de tener una imagen, y va a ser de esa semilla que va a empezar a nacer la pieza. Y yo soy la que le da mucha más coherencia conceptual. Por mi mente coreográfica, tiendo a conceptualizar, a conectar ideas, a intuir que ahí en esa zona hay algo de lo que hay que hablar. Txalo será quien consiga encontrar la forma, por ejemplo, textual a la que yo luego entro a editar. Las puestas en escena son sencillas, las hacemos en común. Las coreografías son también muy sencillas, de un gesto muy cotidiano.

T.T.: Nuestra manera de entender la escena, de entender el teatro y entender el movimiento es un teatro audiovisual. En el sentido que es importante todo lo que se ve y todo lo que se oye. El teatro siempre ha sido una cosa de texto y actores que repiten o de bailarines que están en el centro y se mueven. Nosotros entendemos que la persona que dice un texto tiene el mismo valor en escena que las luces que están acompañándolo. Para nosotros es tan importante todo lo que se ve como todo lo que se oye.

Por eso decimos que es un teatro audiovisual, de hecho, es una dramaturgia audiovisual, no tanto en el sentido del video, sino en el sentido del audio y de lo visual. Trabajamos sobre una cosa que llamamos teatro no antropocéntrico, la idea es que el teatro y la danza siempre han sido una cosa de seres humanos, de hombres y mujeres puestos en el medio de la escena y a partir de ahí se construye todo un universo.

Y nosotros postulamos que realmente es hora de que el ser humano ceda parte de ese centro a otros cuerpos posibles, ya conceptualmente hablando, incluso físicamente hablando, es hora de que nosotros nos apartemos y pongamos las luces de Ana Rovira en el centro de la escena. No como una cosa, no como un añadido, sino como realmente el centro de la escena. Que la materialidad de las luces o la materialidad del sonido sean el centro de lo que estamos asistiendo.

E.T.: Podríamos decir que vuestro trabajo no es antropocéntrico y tampoco es etnocéntrico puesto que dais mucho peso a los pueblos originarios. Conjugáis el cosmos, la geografía, la memoria, el futuro… ¿Como lográis abarcar un abanico tan amplio?

T.T.: Eso tiene que ver bastante con la idea de trabajar en serie, porque empezamos trabajando, pensando en todos esos conceptos y a medida que vamos avanzando empiezan a entrar otros.

De repente, a la cosmología amerindia se le suma la geología porque hablamos de montaña. Entonces como estamos en una montaña empezamos a investigar sobre geología y de ahí pasamos a los minerales. Pero como ya estamos hablando de minerales, pues nos fijamos en que los minerales están construidos geométricamente en donde nacen y caemos en la geometría y la geometría nos lleva a hablar de otras cosas.

Por eso trabajamos en serie, porque estamos durante mucho tiempo, alimentándonos de un universo, haciendo ese universo cada vez más grande. Por lo cual hay un montón de ingredientes posibles que se mezclan después. Es también un desafío. Porque, claro, no puedes hablar de cuarenta cosas en una en una pieza de, en este caso, cincuenta minutos.

L.A.: La visión que hemos estado trabajando es “Oye, ¿por qué no nos acordamos un poco de lo que sabíamos hacer? ¿Por qué no nos miramos en quiénes fuimos y cómo habitamos este lugar para imaginar el futuro?”. Siempre decimos que es una ciencia ficción casi más antropológica, como Ursula K. Le Guin o algo así, que recoge para hacer utopías, pero las hace desde organizaciones reales que ya existen en ciertos pueblos, pero las movemos al futuro como una solución.

T.T.: Sobre los pueblos originarios, una poeta me explicaba una vez que ahora hablamos de los pueblos originarios como si fuese una cosa exótica, muy desligados de nuestra cultura occidental y, en realidad, todos venimos de un pueblo originario. Cataluña, antes de ser una nación, fueron varios pueblos originarios repartidos en un territorio. El problema es que quizás en ciertas partes de este planeta hemos olvidado que pertenecemos a un pueblo originario y hemos olvidado de dónde venimos.

Edu Tabueña

AZKONATOLOZA estrenan ‘Nuestro Refugio Galáctico’, en el Mercat de les Flors, del 7 al 22 de marzo de 2026