
Por Fernando Gandasegui para Teatron.
La compañía AzkonaToloza estrena del 7 al 22 de marzo Nuestro refugio galáctico en el Mercat de les Flors.
Fernando Gandasegui: Nuestro refugio galáctico cierra la trilogía escénica Falla, de la que forman parte vuestros anteriores trabajos Canto mineral y Cuerpos celestes. Falla empieza cuando Fermina Pichumilla, una lonco o líder mapuche, os dijo que incluso las piedras están vivas. En otras ocasiones habéis hablado de que la trilogía trata sobre los límites minerales del universo, y de intentar entender quiénes vamos a ser en el futuro. ¿Cuáles son las preguntas particulares de Nuestro refugio galáctico?
Txalo Toloza: Somos una compañía que trabaja sobre preguntas, sobre cosas que no sabemos. Siempre partimos de preguntas de trabajos anteriores que han quedado inconclusas. Y en este caso, viene de Fermina Pichumilla, a la que entrevistamos para Tierras del Sud en 2017. Ella nos contó sobre la relación cosmogónica que tiene el pueblo mapuche con su entorno. Que todo su entorno, su comunidad, y no solamente la gente que está en la comunidad, sino todo lo que está alrededor, el río, el aeropuerto que hay en otro estado, la carretera… todo es sujeto de derecho. Nada es objeto, todo es sujeto de derecho. Y a nosotros se nos quedó dando vueltas eso, que en su momento quizás no lo conseguimos entender, y lo olvidamos un poco. Pero cuando hicimos Canto Mineral volvimos a retomar esta idea. Después de escuchar durante años a los pueblos originarios latinoamericanos nos preguntamos a quién tocaba escuchar, y decidimos escuchar a una voz que no fuera humana, la más silenciada de los no humanos en el planeta: la geología. En el ordenamiento cristiano, las piedras teóricamente no han sido creadas por Dios, como el mundo natural de los animales, las plantas, los hongos… pero las piedras están fuera, no son divinas. Para nosotros hacía mucho sentido porque estaban antes de que llegase el lobo humano, y van a seguir estando, pase lo que pase. Y ahí empezamos a investigar todo lo que tenía que ver con las montañas, y caímos en la idea de límite natural, del límite mineral del planeta, sobre cuánto realmente podemos seguir excavando sin que eso se nos pase de madre. Después llegamos a la astrofísica, que es como lo mismo pero a otra escala. Y ahora estamos en esta idea del refugio de la montaña nuevamente. La montaña como lugar no de conquista, sino de encuentro. Siempre las cordilleras han sido explicadas por los estados nación como fronteras. En cambio, para los pueblos que viven ahí son lugares de paso, un puente. Y esto es algo que nos interesa mucho.

Fernando Gandasegui: Nuestro refugio galáctico es vuestra primera obra intergeneracional. Además, no está solamente dirigida a un rango amplio de edad, sino que en esta ocasión la investigación se ha ido haciendo con públicos más jóvenes. ¿Por qué en esta obra decidís trabajar también para con niñxs y cómo lo habéis hecho?
Txalo Toloza: Es una idea que teníamos pendientes desde hace tiempo. Cristina Alonso, ex-directora de Graner, nos dijo de broma cuando hacíamos Pacífico, que nuestra hija Lur se estaba criando escuchando tragedias, y que algún día tendríamos que hacer algo que no no fuera sobre la barbarie. Ha sido muy buena idea hacer una obra para público intergeneracional, ha sido un proceso bonito porque básicamente el tema lo conocemos, nuestra poética la conocemos, nuestra forma de entender el hecho escénico y el hecho visual también, lo que no sabíamos era tratar con niñxs en escena, aunque seamos padre y madre. Lo primero que intentamos entender, por ejemplo, es cómo gestionar la energía. La pieza se ha hecho en base a talleres que hemos ido haciendo en la escuela de Lur, en el Casal Infantil de Nyamnyam en Mieres… El límite energético de los niños es muy frágil. Si la energía es muy baja se aburren, si es mucha la energía no hay quien los pare. ¿Cómo consigues que todo a nivel energético, no solo la danza, también el texto, la música, todo se encuentre en ese límite? La otra cosa que queríamos buscar es que fuese también para adultos, que no tuvieses que venir solamente porque viene tu crío o tu cría, sino que puedes venir con tu colega y que el discurso textual y visual siga funcionando a distintos niveles. Si tienes 7 años entiendes una cosa, si tienes 45 entiendes otra, pero la obra no te deja tirado, y eso es lo bonito porque creo que lo hemos conseguido.
Cuando trabajamos en Mieres, propusimos construir un refugio entre todos como actividad libre. Y resulta que los primeros que volvieron fueron tres niños que nos dijeron: “Vale, hemos terminado nuestro refugio. Esto es propiedad privada. Solo se puede enterar si tienen permiso nuestro y no les vamos a dar permiso”. Vivimos en un mundo en el que tu libertad y tu propiedad están por encima de todo. ¿Cómo hacemos que esto se transforme en otra cosa? Entonces creamos un dispositivo para construir entre todas. Algo que realmente necesitaste de ti para hacerse.
En las obras anteriores de AzkonaToloza se ha ido consolidado un método de hacer que va componiendo espacio y escenografía en el transcurrir de la obra, de sus coreografías, textos, luces, música y objetos. En Nuestro refugio galáctico esa maquinaria escénica es coprotagonista de la obra, junto con lxs espectadorxs que la construyen juntxs. ¿Cómo ha sido este trabajo coreográfico-espacial?
Txalo Toloza: Cuando hicimos Tierra quemada, que fue nuestra primera pieza juntos, estábamos en el post 15M, y la sensación era que, visto lo que había pasado, lo único que podíamos hacer era quemarlo todo y seguir huyendo al desierto y allí aguantar hasta que tocase volver. 15 años después retomamos la idea, pero en este caso decidimos que con la que está cayendo lo que toca es hacer un refugio entre todas desde la base para poder estar juntos, esperar a que esto pase, y a la venganza seguramente. Ahora toca construir algo entre todas donde podamos aguantar el chaparrón lo mejor que podamos mientras vemos qué hacemos. En Tierra quemada teníamos una montaña de bolsas, quemábamos nuestra casa, y ahora tenemos que conseguir algo que realmente necesite de todas, en el que yo te puedo dar las pautas, pero no te tengo que decir cómo lo tienes que hacer, sino que tienes tú que entenderlo, es tu responsabilidad. La coreografía tiene que incluir a todo el mundo. Y creo que la reflexión es esa. Ahora necesitamos de todas para que esto aguante, porque el individualismo ya no nos funcionó.

¿Por qué un refugio? ¿Qué clase de refugio se construye en la obra?
Txalo Toloza: Siempre que hacemos obras tienen 5 inicios y 5 finales. Aunque esta tenía que durar 50 minutos, tiene un final donde se cuentan las posibilidades de un refugio, acabando con una noche que dura cientos de horas, pero acaba de día, con una fiesta, acabamos arriba. Vamos a ser melancólicos, entendemos lo que está pasando, sabemos lo duro que se viene, pero vamos a acabar arriba. Y hacemos una cosa muy bonita para mí, que es terminar dándole las gracias a todo el mundo, que es como decir que no van a conseguir que acabemos deprimidos. Esta vez vamos a acabar arriba porque hemos hecho una cosa juntos. Estos que hemos hecho entre todos es bonito, funciona, no se cae, nos sirve para estar tranquilos un rato, pues celebremos que todavía somos capaces de construir cosas en el beneficio de todos. No es la típica fiesta escénica en que te ponen el Bolero de Ravel y montamos la fiesta una música súper fuerte, o un hip hop reivindicativo por la cara. Estamos contentos de haber construido algo con sentido. Los niños son básicamente la poética del futuro. Son los que tienen que entender nuevas formas de ver esto. Yo tengo 50 años, ya hice lo que pude. Me quedan años, pero Lur es el futuro. De hecho, el texto es una conversación con Lur.
¿Cómo es la intervención de vuestra hija Lur en Nuestro refugio galáctico?
Txalo Toloza: Yo siempre escribo textos para alguien, me cuesta escribir un texto para que lo diga cualquiera. Para esta obra me di el gusto de escribir un texto con nuestra hija Lur, es como una doble conversación con ella, en la que cambia quién pregunta y responde. En un momento es un adulto que habla con una niña, el adulto en el papel de adulto y la niña en el de niña. En la segunda conversación es la niña la que te explica astrofísica. Yo soy yo el que digo, explícame esto para que lo entienda. Escuchamos a una niña de 10 años explicando conceptos de astrofísica súper locos. Podemos aprender de los niños un montón de cosas de las que no nos hemos enterado o que olvidamos, Para mí es muy emocionante porque el último texto es un texto muy bonito. Es como un poema sobre las posibilidades de un refugio, que puede ser desde una cueva en la montaña a un plato de lentejas. Esto es algo que salió de un taller que hicimos en la escuela de Lur. Al principio de todo les pedimos que dibujasen un refugio. En su momento no revisamos los dibujos. Pero estando meses después en Azala empezamos a verlo con Lur, y son los que describimos en la obra.
Para Nuestro refugio galáctico colaboráis de nuevo con Ana Rovira en las luces, Xesca Salvà en el espacio, Rodrigo Rammsy en la música, Jorge Dutor en el vestuario, Raquel Cors en la asistencia de dirección, y João Lima y Carlota Grau como performers. Se podría decir que AzkonaToloza es una de las compañías más estables en cuanto a colaboradoras. Entre todas habéis conseguido crear un lenguaje singular y compartido. ¿Cómo ha sido el trabajo colaborativo para esta ocasión?
Txalo Toloza: Siempre decimos que somos como un circo pobre. Todos los diciembres organizamos una cena de empresa, yo hago tacos y pisco sour, y durante el día pasan como 25 personas. La compañía se entiende como una familia. Nos gusta trabajar con la misma gente. Hay cosas de la poética, de la manera de hacer, de entender la vida, que ya no te las tenemos que explicar. Somos una compañía de gente que se tiene afecto, y que si la cagamos la cagamos juntos.

Suelen etiquetar vuestro trabajo como “teatro documental”, aunque en otras ocasiones os he escuchado o leído hablar de “teatro no antropocéntrico” o de “teatro audiovisual”. ¿Cómo se relacionan estas categorías con Nuestro refugio galáctico?
(Se incorpora Laida Azkona a la conversación)
Laida Azkona: En esta obra lo documental quizás no esté tanto, aunque provenga de una investigación documental. La obra es como un cuento o una conversación que resuena con nuestros temas de investigación. Seguimos trabajando todo lo que es la construcción de un espacio en constante transformación y sumamos al público. Lo importante aquí es hacerlo juntas, abrir el dispositivo y habitarlo con el público, que aporta un punto de vista bastante bonito. Creo que es diferente a nuestras otras obras. Se da un giro grande.
Txalo Toloza: El audiovisual siempre ha sido lo que nos ha interesado, entendido como todo lo que se ve y se escucha. En lo que proponemos tienen el mismo valor las luces de Ana Rovira que el texto que escribo yo. Nuestro trabajo es muy transversal, todo el mundo coge su su parte, la elabora, tiene independencia. Ramsey no solamente hace música, cuenta una cosa. Podríamos quitarle el texto y la música seguiría funcionando igual, y el dispositivo seguiría funcionando igual. Trabajamos con una gente que ya entendió eso. Por eso empezamos las colaboraciones de los proyectos siempre muy al principio. Empezamos este proyecto hace dos años y de entrada ya llamamos a la gente. No nos sirve la idea de la iluminadora que llega en los últimos dos meses a la residencia técnica. Para este dispositivo, como era muy claro que queríamos construir un refugio juntas, las primeras reuniones fueron con Xesca.
Laida Azcona: Con Xesca queríamos idear un objeto que nos obligara a hacer algo juntas y que si no, no funcionase. Eso junto a los talleres que fuimos haciendo para conocer a las más pequeñas fue lo que sentó las bases. Ante el individualismo tan fuerte que nos encontramos, decidimos hacer un dispositivo que desde que entras, ojalá fascine para construir algo, que no es tu refugio personal, sino que es de todos. Con cada grupo con el que lo hemos hecho, dependiendo de la energía, se han dado todo todo tipo de situaciones. Nos ha pasado por ejemplo de grupos que vienen con una energía de mierda, en el que hay alguien que controla por allí, algún bully, y nadie se soltaba, y entramos en crisis hasta que vimos que salieron transformados. El dispositivo propone un viaje. Tú llegas con lo que traes, pero al final construimos algo que es fascinante, escuchamos un cuento, descansamos bajo un refugio juntos… es una experiencia comunitaria.
Txalo Toloza: Hay una cosa que me gusta, aunque sea políticamente incorrecta. En todas las comunidades hay haters, y estos son normalmente prohibidos. Pero aquí, si has decidido ser un hater, a diferencia de afuera, yo no te voy a intentar cambiar, no voy a gastar más energía en ti que en el resto. Bienvenido seas. El teatro tiene que preparar también para la vida. Si en tu vida optas por hacer eso, esto te va a cuidar, aquí te vamos a ayudar a que no te hagas daño.
¿Cómo trabajáis con el público en la obra?
Txalo Toloza: Hacemos un pacto de ficción. Al empezar la obra hablamos con el público y elegimos otros nombre, otra fecha, y nos vamos inventando una realidad futura paralela. No es el pacto de ficción del teatro en el que tú tienes que venir acá a hacer como que te lo crees. Porque si no el cambio no funciona. No, yo te estoy diciendo que esto es mentira. Pero vamos a hacer que nos la creemos, porque si nos la creemos nos salvamos. Si nos inventamos una ficción y nos la creemos es una posibilidad de sobrevivir. Esa es la base de todo. Y eso hace que el público entra en un juego simbólico. Vamos a inventar una realidad entre todos, unas características de este día futuro y a partir de ahí construimos otra cosa, un futuro conjunto.
Después está el refugio, la obra se basa en que originalmente hubo gente que se juntaba cada ciertos años en el claro de la montaña a bailar con las estrellas. Y para bailar con las estrellas, lo primero que tenían que hacer era construir un refugio donde pudiesen esperar el momento preciso. Pero después nos dimos cuenta de que realmente la prioridad era construir este refugio. La montaña es en verdad el refugio, el refugio básicamente es el planeta. O sea, nos están vendiendo la moto de que nos tenemos que ir a vivir a Marte cuando realmente el refugio lo tenemos acá. Y en último caso, este teatro en el que estamos es un refugio. El teatro es un refugio. Un refugio arquitectónico y también un refugio de palabras, de movimientos, de sentimientos. Todo lo que nos puede servir para sobrevivir lo tenemos acá. Somos los 50 que estamos, no lo podemos perder. El teatro debe ser un refugio en el que nos pudiésemos plantear cosas, no un sitio en el que estar pasivos, sino un sitio en el que nos podemos plantear preguntas entre todos e intentar darle la vuelta a esto. No es un sitio en el que yo voy a ver lo que me echen y ya está. No, esto lo construimos entre todos. Nos vamos a creer la ficción, vamos a hacer un pacto, lo vamos a construir entre todos, lo vamos a armar entre todos y vamos a decidir qué hacemos. Pero necesitamos que estén todos. Porque la única forma de aguantar es esa. Y creo que lo hemos conseguido.
¿Qué es lo siguiente de AzconaToloza?
Laida Azkona: Tenemos un paseo sonoro que hemos hecho un par de veces. Txalo está con un nuevo trabajo alrededor de las cartas en el que yo acompaño. También dependerá de la subvenciones que hemos pedido. Pero lo siguiente va sobre agua, los ríos, mares, lagos… Ahora salimos de la tierra y nos metemos en el mar.
Fernando Gandasegui